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El ICES sale a la calle

Este año, desde el ICES nos propusimos COMUNICAR MISERICORDIA y como la comunicación es ACCIÓN, decidimos ponernos en marcha, sumando nuestras manos y nuestros corazones a una labor solidaria que semanalmente se realiza desde la sede de la Federación de Círculos Católicos de Obreros. Cada jueves, un grupo de voluntarios pertenecientes a la Comunidad San Egidio, se reúne para cocinar, compartir una oración y salir a repartir las viandas entre aquellos hermanos nuestros que se encuentran en situación de calle. El jueves 15 de septiembre, un grupo de 15 alumnos y docentes del ICES nos sumamos a este equipo, que trabaja silenciosa, pero animosamente. Divididos en grupos, nos acercamos a la Plaza Congreso, a Tribunales y otros rincones de la ciudad, donde personas solas o grupos familiares esperan con gusto ese momento. Y no sólo por el plato de comida que reciben, sino porque la mano que lo tiende es una mano amiga. Así lo expresa el nombre de este proyecto que lleva adelante la comunidad: “Amigos en la calle”. Simplemente como una pintura de lo que fue cada encuentro, les compartimos nuestra experiencia con Hilda, una señora de más de 70 años, que con los pesos que gana trabajando en una casa de familia, paga una piecita en un hotel familiar. A veces, no alcanza para todo el mes, y entonces deambula por las calles, pero sabe que en la placita frente a la Iglesia del Carmen, cada jueves tiene una cita con sus amigos. El plato de comida es casi una excusa para poder conversar: “La calle te va endureciendo, si te descuidás. Por eso siempre vengo acá, charlo un rato y el tiempo se me pasa más rápido”. Oriunda de Jujuy, nos cuenta que le gusta cocinar, y que sus patrones siempre le separan algo de lo que ella les prepara para llevarse al hotel. Come despacito, como queriendo estirar el momento. Intercambiamos recetas, nos reímos con sus anécdotas de la niñez. Y cuando, antes de irnos, le dejamos una bolsa con los pancitos que sobraron, nos dice: “La otra vez, me llevé unas facturas, y de camino las fui repartiendo con otros chicos que conozco, no me quedó ni una. Así es la cosa, entre los pobres nos entendemos”. Con el corazón ensanchando, pasadas las 22.00 hs., nos despedimos y volvemos a casa. Tenemos algo nuevo para contar. Son buenas noticias. Porque aunque en el fondo el asunto es duro, porque nada justifica que la gente deba hacer de las calles su hogar, el encuentro de corazón a corazón, por un rato, nos entibia el alma.